Es necesario usar el antibiótico recetado por un médico; no debemos usar antibióticos de manera rutinaria comprados en la farmacia.
El antibiótico recetado tiene indicaciones específicas; no todos los antibióticos actúan contra todas las bacterias y la elección depende del órgano que queremos limpiar de infección.
Recomendaciones básicas para el uso de antibióticos
La dosis exacta, las tomas diarias y la duración del antibiótico deben seguirse con precisión. No debemos exceder la dosis ni prolongar el tratamiento más allá de lo indicado. La fiebre es un mecanismo de defensa general y no siempre está asociada a bacterias, que es contra lo que actúan los antibióticos.
Tratemos de evitar el uso prolongado o repetitivo de antibióticos. Los niños pequeños, menores de 2 años, suelen enfermar de 4 a 6 veces al año, pero la mayoría de estas veces no requieren el uso de antibióticos.
¿Qué sucede con el uso de antibióticos y la microbiota intestinal?
La lesión de la microbiota por antibióticos (y otros fármacos) se denomina disbiosis. La disbiosis altera los microbios sanos y necesarios en una región específica del intestino, causando daño en su función.
- La disbiosis, al afectar la microbiota, hace que esta desaparezca por semanas, meses o incluso años según el antibiótico utilizado.
- La microbiota es esencial para la síntesis de vitaminas, la absorción de nutrientes, la producción de ácidos grasos saludables, la utilización de minerales por el intestino, y para la protección y defensa del cuerpo. Todo esto se ve afectado durante la disbiosis, ya que la microbiota ha sido dañada.
- A mediano y largo plazo, el cambio o lesión de la microbiota es un factor que contribuye a enfermedades inflamatorias y metabólicas, incluyendo la obesidad, la diabetes, la colitis e incluso el cáncer de colon.
- El daño de la microbiota intestinal afecta la barrera de protección, permitiendo que sustancias pasen a la sangre y desarrollen alergias.
¿Cómo proteger la microbiota intestinal de nuestros niños?
Descubramos cómo podemos proteger la salud intestinal y de todo el cuerpo en nuestros niños, preservando la microbiota intestinal:
- Acompaña el antibiótico con un probiótico: siempre que se indique el uso de un antibiótico, acompañemos su uso con un probiótico diseñado específicamente para proteger la microbiota, mediante cepas que actúan como escudo protector.
- Empieza desde el primer día: utilicemos el probiótico desde el mismo momento de iniciar el antibiótico, ya que necesitamos mantener una cantidad suficiente de probióticos para equilibrar y preservar la microbiota sana. Es un error común usar el probiótico después de terminar el antibiótico.
- Dos tomas diarias: siempre deben usarse dos tomas diarias de probiótico durante ese período. Recordemos que la OMS dice «la cantidad suficiente para…», siendo esta cantidad necesaria para prevenir la disbiosis.
- Mantén el probiótico unos días después: úsalo al menos 5 o 7 días adicionales al término del tratamiento. Estos días adicionales son fundamentales para recuperar, equilibrar y fortalecer los microbios, sus funciones y restaurar la normalidad del intestino.
- Recuperación nutricional: si el niño perdió peso o sufrió un colapso nutricional, usemos probióticos por al menos 3 meses para su recuperación nutricional.
- El yogur no es suficiente: los preparados fermentados de yogur o kumis con probióticos son insuficientes en cantidad y tipo de cepa para proteger la microbiota durante el tratamiento. Su uso no está recomendado durante el tratamiento con antibióticos.
Estas simples acciones protegerán la salud de sus hijos, especialmente en la infancia. Protegerán el futuro intestinal y, con seguridad, prevendrán la aparición de enfermedades inflamatorias y crónicas en la edad adulta, manteniendo la función intestinal y mejorando la nutrición, así como previniendo infecciones recurrentes al potenciar los mecanismos de defensa.
Prevención: la mejor herramienta
Hoy, que estamos tan comprometidos en proporcionar salud y protección a nuestros hijos, la prevención es la mejor herramienta. Cuando necesitemos usar antibióticos, acompañémoslos de probióticos.
La mayoría de los médicos en pediatría entendemos que el uso de probióticos siempre acompaña al antibiótico. Si su médico no le indicó probióticos al prescribir antibióticos, busque asesoramiento adicional y productos confiables diseñados para niños que brinden esa protección necesaria.
Aunque hicimos énfasis en el uso de probióticos con antibióticos en pediatría, esto se extiende y tiene la misma importancia en adultos, especialmente en aquellos con enfermedades asociadas, adultos mayores de 60 años y personas que padecen colitis o enfermedades inflamatorias del intestino.
Conclusión
Prevenir la aparición de enfermedades es la principal vía para mantener la salud, la calidad de vida y el bienestar. En estos tiempos en que buscamos vivir más y mejor, estos principios nos guían en ese camino.



